Harriet Taylor Mill: feminismo y ser-mujer

Que fácil –pensará el atento lector- conjugar en este tiempo los ingredientes “mujer” e “internet”. Tan sencillo –seguirá pensando el atento lector- como el pianista de discutibles habilidades que busca éxito (presto y fugaz) en las historias de instagram. Pues que así sea, atento lector, si esto nos sirve a usted y a mí de algo.

Si acudimos a los libros y manuales de la historia del pensamiento encontraremos una innumerable lista de nombres de autores. Pasaremos por Aristóteles, San Agustín, Maquiavelo, Rousseau, Nietzsche y en los más actualizados, posiblemente, Habermas. Como si fuese un precepto, la validez del tomo al que nos referimos parece estar ligada a la ausencia de una protagonista femenina “mais habelas, hainas” que reza la expresión popular en la lengua vernácula de Emilia Pardo Bazán a quien, por cierto, su condición de ser-mujer frenó parte de sus aspiraciones académicas (link del artículo “Emilia Pardo Bazán, la feminista a la que cerraron las puertas de la RAE” publicado en el diario El Español. Archivo 2017)

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La complejidad es mayor, por ejemplo, si la mujer de la que nos queremos hacer eco resulta ser la esposa de un conocido filósofo y político como John Stuart Mill, desde ahora declarado: el marido de Harriet Taylor Mill.

La historia nos habla del feminismo galopante que dibuja el autor en obras como The Subjection of Women (El sometimiento de las mujeres). La historia, de hecho, guarda en su haber un papel preponderante para el marido de Harriet Taylor Mill en la lucha por la defensa de la mujer.

Los estudios realizados sobre la extensa obra del filósofo utilitarista, han revelado que en la faceta de la problemática más inmediata, es decir, la de la realidad, mantiene un pulso acompasado con el enérgico y voraz pensamiento de su esposa. Pionera, en la primera mitad del siglo XIX, en la lucha por el sufragio femenino y en armas ideológicas contra quienes negaban la evidencia de una tendencia natural al equilibrio, la equidad y la igualdad entre ambos sexos, escribió y mantuvo la autoría compartida (en algunos casos incluso explícita) de algunos de los textos firmados por su marido.

En palabras de Isabel Balza, profesora titular de Filosofía Moral en la Universidad de Jaén: “María Zambrano entiende que la definición de ser humano contiene sólo al varón, y que la mujer queda fuera de los límites del concepto de sujeto humano. Por ello el ser femenino sólo adquiere existencia en tanto que depende del hombre.” (link del artículo “Una aproximación a lo femenino en María Zambrano”). No se debe entender como un enunciado pernicioso, sino como la reivindicación de una nueva proyección que elimine la imagen imprecisa de la mujer que la historia, pese a quien pese, se ha esmerado en dibujar.

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Y es que tanto Amparo, Pilar, María, Rosa, Carmen, Simone, Philippa, Amina, Carolina, Julia, Azalee, Elsa, Leylak, Amelia, Harriet, Verónica o Sara (entre otras muchas) me han enseñado a comenzar un proceso de aprendizaje para dar un paso al lado y no hacer más difícil el camino.

Observemos, atento lector, el paso firme de lo que acontece ante nuestros ojos ahora que estamos solos en casa pues, como escribía por última vez Alfonsina Storni:

“Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…”

· Imagen 1. Retrato “Harriet Mill (née Taylor). Artista desconocido. Fuente: National Portrait Gallery

· Imagen 2. Ilustración de Raquel Córcoles “Moderna de pueblo”. Fuente: modernadepueblo.com

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Libertad de expresión: Louis de Bonald y el siglo XXI.

No entiendo una manera mejor de comenzar un blog, cuyo fin es la difusión de las ciencias humanas y sociales, que dedicar un primer post a la redundante y siempre sometida libertad de expresión. No accederemos a los límites, que no es tema menor, si no a los efectos que esperan quienes, como en el caso de Louis de Bonald, promulgan la censura. Será así como accederemos a cognocer los motivos por los cuales es tan importante hacer uso de nuestra voluntad.

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Louis de Bonald desempeño la presidencia del comité de vigilancia de periódicos y revistas bajo el reinado de Luis XVIII de Francia. Defensor a ultranza de la tradición y enemigo de la revolución, sitúa la censura en una muralla contenida para el gobierno y contra el devenir de la sociedad (cuyo origen no es civil, sino divino). Destaca que el control de publicaciones no atenta contra la libertad de expresión o de pensamiento. Refuerza, en todo caso, la idea de preceptuar y ordenar –de acuerdo a unos cánones- aquello que accede e influye en la órbita de lo público.

Observamos en la actualidad una paradoja común, como lo es aquella que ofrece un espacio cuasi-infinito de oportunidades para expresar la palabra, y una terna (en su sentido más taurino) de límites perfectamente adecuados al espacio de la convivencia. Hemos sido capaces de limitar aquello que no se podía, en esencia, agotar. Hemos encerrado, en honor a la coexistencia, la infinitud en una dimensión finita.

Siguiendo con la teoría de Bonald, representa en sus esfuerzos la idea de que el control autoritario sobre lo publicado tiene un fin bondadoso en sí mismo: evitar el uso ilimitado de la libertad en aras de salvaguardar el orden y esquivar el descenso a los infiernos del estado de guerra de la revolución.

Nada más peligroso puede existir, y es algo con lo que en los albores del nuevo siglo cohabitamos, que el chauvinismo disfrazado de progreso. El pretexto justiciero del método y el equilibrio tiñe de armonía el sustantivo de una libertad determinada como moneda de cambio (de perfil bajo) de la seguridad.

Evocan las palabras, como un ejercicio inevitable, al Big Brother relatado por George

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Orwell en su obra 1984. Antes de sembrar una endeble hipótesis debemos atender a las palabras de Fernando Savater:Suele pasarse por alto que el control del Gran Hermano de Orwell se ejercía para impedir libertades democráticas de asociación, expresión y creencias, no para la seguridad de los ciudadanos(link del artículo “Libertad, seguridad y vigilancia” publicado en la revista Tiempo. Archivo 2013)

El ejercicio de la libertad de expresión y de pensamiento es una herramienta intrínseca al ciudadano en tanto que zoon politikon como definía Aristóteles. Es un arma de precisión que ha permitido el desarrollo de la civilización y la transición de ideas. La historia es ininteligible sin el uso de la autonomía en la excarcelación de los sentidos y los sentimientos. La libertad dibuja el compás de las pulsaciones de un cuerpo activo, pensante, racional y dispuesto a vivir ¡Cueste lo que le cueste!
· Imagen 1. Retrato de Louis de Bonald. Fuente: Weblog of the Sydney Traditionalist Forum.
· Imagen 2. “Minimalismo & Surrealismo” del artista iraní Iman Tehranian. Fuente: Art People Gallery